Un ciberataque también pudo colaborar en derrocar a Maduro

En cuestión de horas, el presidente venezolano Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas especiales extranjeras y trasladado fuera del país,…
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En cuestión de horas, el presidente venezolano Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas especiales extranjeras y trasladado fuera del país, en una operación que combinó acciones militares visibles con elementos aún envueltos en incertidumbre.
Mientras Washington confirmó la operación armada, persisten dudas sobre si la interrupción de servicios críticos, especialmente el suministro eléctrico en Caracas, fue consecuencia exclusiva de ataques cinéticos o si estuvo respaldada por una ofensiva digital cuidadosamente coordinada.

Operación Resolución Absoluta

El bombardeo estadounidense, denominado por el Estado Mayor Conjunto como Operación Resolución Absoluta, se ejecutó en la madrugada con una precisión que evidenció meses de preparación.

A partir de las dos de la mañana, se registraron al menos siete explosiones en puntos estratégicos como La Guaira, Higuerote y el interior de Caracas. Instalaciones clave, entre ellas el aeropuerto de Higuerote y la Base Aérea La Carlota, sufrieron impactos directos, mientras aeronaves militares operaban a baja altura.

La magnitud del despliegue llevó a la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos a emitir una prohibición inmediata para vuelos civiles estadounidenses en todo el espacio aéreo venezolano.

De forma paralela, sectores del sur de Caracas quedaron sin electricidad, un hecho que llamó la atención de analistas por coincidir con el avance de las tropas sobre objetivos sensibles del régimen.

La “experiencia” de EEUU en ciberataques

El presidente estadounidense Donald Trump confirmó públicamente que había ordenado un ataque “a gran escala” y aseguró que Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y evacuados en avión.

Posteriormente, difundió una imagen del mandatario venezolano bajo custodia a bordo del buque USS Iwo Jima, reforzando la narrativa de control total de la operación.

Sin embargo, cuando se le preguntó por los apagones en Caracas, Trump se limitó a señalar que las luces estaban apagadas “debido a cierta experiencia que tenemos”.

Esta declaración, ambigua pero reveladora, ha alimentado las sospechas sobre el uso de capacidades no convencionales.

En una rueda de prensa posterior, el jefe del Estado Mayor Conjunto, John Daniel Caine, ha incluido explícitamente al Mando Cibernético entre las agencias implicadas, junto al Mando Espacial, en la creación de una “vía” para el avance militar.

La hipótesis del componente cibernético

Un ataque coordinado que combine efectos físicos y digitales no sería inédito. En conflictos recientes, la ciberguerra ha demostrado su potencial para amplificar el impacto de las operaciones militares.

En noviembre de 2023, la firma de ciberseguridad Mandiant documentó cómo fuerzas rusas lograron manipular interruptores automáticos de una subestación eléctrica en Ucrania, coincidiendo con bombardeos masivos sobre infraestructuras críticas.

No obstante, la coordinación entre ataques cinéticos y cibernéticos es compleja. Durante los primeros compases de la guerra en Ucrania, esa sincronización se redujo drásticamente, precisamente por la dificultad de traducir efectos digitales en resultados físicos predecibles.

Aun así, cuando el objetivo es el sabotaje puntual, los ciberataques pueden resultar especialmente eficaces.

Antecedentes de sabotaje digital en Venezuela

Semanas antes de la captura de Maduro, la petrolera estatal PDVSA denunció haber sufrido un ciberataque que paralizó parte de su infraestructura de petróleo y gas.

La compañía calificó el incidente como parte de una estrategia extranjera para hacerse con el control de los recursos energéticos del país mediante “fuerza o piratería”.

Para antiguos responsables de seguridad estadounidense, este tipo de operaciones encaja plenamente en el mandato del Comando Cibernético.

La promesa de Trump de que la ocupación se financiaría a través de la explotación de las reservas petroleras venezolanas añade una capa económica al análisis.

El control de sistemas energéticos, tanto físicos como digitales, se convierte así en un elemento central del nuevo escenario.

Y, de nuevo, desinformación y guerra híbrida

Mientras se desarrollaban los acontecimientos, las redes sociales se inundaron de vídeos, imágenes y relatos que mezclaban hechos reales con material manipulado.

El periodista de la BBC, Shayan Sardarizadeh, documentó una avalancha de contenidos falsos, incluidos vídeos que en realidad correspondían a ataques iraníes contra Israel ocurridos el año anterior.

Plataformas como TikTok también alojaron deepfakes que supuestamente mostraban explosiones en Caracas o la detención de Maduro.

Este entorno informativo caótico forma parte de lo que los analistas denominan guerra híbrida, donde la confusión es un arma más.

Según detalla la web especializada en ciberseguridad Bank Info Security, la combinación de operaciones militares, ciberataques y campañas de desinformación busca desorganizar tanto a las instituciones como a la población civil en momentos críticos

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